La Stoa by Max Pohlenz

La Stoa by Max Pohlenz

autor:Max Pohlenz [Pohlenz, Max]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ensayo, Filosofía
editor: ePubLibre
publicado: 1948-03-03T00:00:00+00:00


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EL CRISTIANISMO

La nueva religiosidad que en el mundo antiguo irrumpió con fuerza en todas las partes de la época imperial estaba en un contraste más o menos consciente con el pensamiento racional y con el materialismo de la Stoa. En un principio, esta conservó su fuerza de atracción por el rigor de los principios que defendía. Por tal motivo, representó para ella un peligro particularmente grave el que otro movimiento planteara exigencias morales semejantes con un rigor aún mayor, dándoles, mediante una alianza con ideas religiosas, una fuerza vital y de difusión totalmente diferente.

Los cristianos habían percibido desde hacía mucho tiempo que la Stoa estaba emparentada con su propia fe, desde antes de que se hiciera de Séneca un cristiano oculto y se le atribuyera una correspondencia epistolar con Pablo, y desde antes de que el pequeño manual de Epícteto, superficialmente reelaborado, fuera empleado en la propia enseñanza.[1] Sin embargo, los estoicos que en un principio oyeran hablar de Jesús debieron de haber sacudido la cabeza ante este taumaturgo y exorcista de demones, nacido en la oscura Galilea, ajusticiado como un delincuente y que, al parecer, había resucitado de entre los muertos; pero cuando se molestaron en conocer la predicación de Jesús debieron de constatar con asombro lo mucho que coincidía con las teorías de su propia escuela. El rigor de la decisión vital que no tolera servir a dos señores; la alusión a lo único que importa y que supera a todos los bienes del mundo; la interiorización de la ética, que somete a juicio de valor ético incluso los impulsos más secretos del corazón, que solo aprecia la intención y que valora más la limosna de una viuda que las grandes ofrendas de los ricos; la exigencia de una veracidad incondicional que vuelve superfluo todo juramento; la pureza del corazón que solo desea acercarse a Dios; el sentimiento comunitario que ve en Dios al padre de todos los hombres y a un hermano en el más insignificante de los esclavos; todas estas ideas les eran familiares a los estoicos por su propia teoría. Cuando Jesús resumía toda su ética en el mandato de amar a Dios y al prójimo, el estoico podía estar de acuerdo y, tras un examen desprejuiciado, incluso reconocer que el agape, que brota directamente del corazón y se extiende por todas partes donde haya que aliviar las penurias, está en condiciones de despertar en el hombre fuerzas morales completamente distintas de la oikeiosis y la philia, las cuales tenían que surgir del sentimiento de parentesco entre todos los seres racionales y que, precisamente en la Stoa, debido a su concepción de que la situación vital externa en nada importa para alcanzar la eudaimonia, podían impedir el prestar ayuda resueltamente.[2]

Los puntos de contacto se extendían incluso a la expresión lingüística. Al igual que Jesús, también Epícteto exhortaba a los apocados a no preocuparse por el «¿qué comeremos hoy?», y, a la pregunta de los pobres: «¿de dónde sacaré el dinero para criar a mis muchos



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